Lo mercantil no es un pleito, todavía
La mayor parte del trabajo de un despacho mercantil no se ve en un juzgado. Está en el contrato que se firma bien, en el pacto de socios que evita la pelea de dentro de tres años, y en el impago que se reclama la semana que se produce y no el año siguiente.
Cuando el asunto llega a juicio, normalmente es porque antes no había nada escrito, o lo que había estaba copiado de una plantilla que no preveía justo lo que ha pasado.
Los cinco motivos por los que nos llaman
Cuándo llamar, que es la parte que importa
Hay tres momentos en los que la llamada cambia el resultado, y ninguno es cuando ya hay una demanda encima de la mesa.
Antes de firmar. Revisar un contrato cuesta una fracción de lo que cuesta discutirlo, y el borrador que le han pasado está escrito en favor de quien lo escribió.
Cuando aparece la primera señal. El socio que deja de contestar, el cliente que pide el tercer aplazamiento, el mes en que no salen las nóminas. Ahí todavía hay opciones.
Y en cuanto llega un papel con plazo. Una convocatoria, un requerimiento, una demanda, una notificación del juzgado. Esos plazos no se reabren.
Preguntas frecuentes
¿Trabajáis solo con empresas grandes?
No. La mayoría de lo que llevamos es de pymes y de autónomos societarios, que son los que menos margen tienen para equivocarse.
¿Atendéis fuera de vuestra ciudad?
Sí. Lo mercantil se lleva bien a distancia: son documentos, plazos y escritos.
¿Cuánto cuesta?
Depende del encargo, y se dice por escrito antes de empezar. En lo que se puede acotar —revisar un contrato, preparar una reclamación— va a precio cerrado.
¿Y si mi asunto no tiene arreglo?
Se lo decimos el primer día. Es la parte del trabajo que nadie agradece en el momento.